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Psicoanálisis y la práctica clínica: puntualizaciones de los fundamentos básicos en la práctica psicoanalítica. Por El Diván Amarillo.

  • 24 ene
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 24 ene

El psicoanálisis cuenta desde su historia, la práctica que existía de una clínica orientada en el trabajo de la histeria y los métodos involucrados en su momento como lo fue la hipnosis.Durante su evolución, el padre del psicoanálisis estableció un punto de partida en el trabajo con pacientes, separándose del método hipnótico y creando algunas nuevas formas de atención, como la asociación libre o la interpretación de los sueños. Desde entonces, el quehacer psicoanalítico se ha comprendido como una forma particular de psicoterapia como a su vez en un método investigativo de la psique humana, distinguiéndose así del resto de las orientaciones clínicas vigentes. Para ello, existen ciertos fundamentos útiles en la práctica psicoanalítica: el uso del diván, la transferencia, la interpretación de los sueños y la asociación libre.

El diván. El poeta Goethe entendía que la palabra diván significaba una “colección de poemas”. Freud, por su parte, acogió dicha terminología. Este elemento distintivo de la práctica psicoanalítica permite que la regla fundamental se lleve a cabo con ciertas “facilidades” a diferencia de que si no existiese en el consultorio. No obstante, hay que aclararlo, la falta de diván no cancela o limita la esencia y práctica. Su uso permite además de promover la regla fundamental, que el analista quede aislado de generar algún efecto en el analizante por medio de sus gestos o movimientos corporales y de esa forma alterar el discurso por más sutil que ese efecto pueda significar. Evita que el análisis se convierta en una situación especular, brindando al paciente la capacidad de una narrativa libre, en la que esta última es la que sostiene la experiencia analítica y no precisamente un encuentro de “yo a yo”. Mientras el analizante se encuentre en el diván, propicia paulatinamente una autonomía a nivel asociativo e interpretativo, destacando que, el analista al no ser visible, sea su voz una forma de velar el trabajo que lleva a cabo dicho paciente. El diván contribuye en la dinámica de la transferencia puesto que desvela lo que en ella se encuentra. Por último, destacar que para que exista un pasaje al análisis y con ello al diván, el paciente ha de situarse como un analizante resultando de una demanda analítica y no precisamente como la habitual búsqueda de una cura ante una problemática superficial. 


La transferencia. A partir del desenlace de este fragmento histórico del psicoanálisis, hoy en día podemos comprender, que dicho fenómeno consiste en una forma de transposición de afectos de un tiempo determinado -la infancia- en el pasado sobre tiempos presentes y de figuras pasadas sobre figuras presentes. La transferencia puede dividirse en dos tipos: positiva y negativa.


La transferencia positiva se traduce en sentimientos tiernos, de amor, cariño, admiración, etc., en donde se procurará el cuidado del objeto amado: familia, pareja, amigos, etc.


La transferencia negativa, se traduce en lo opuesto; hay afectos de odio, ataque, desprecio entre otros. Es importante señalar que esas formas de transferencia pueden surgir durante el análisis frente a la figura del analista. Amarlo u odiarlo, admirarlo o denigrarlo. Sea cual fuese la dirección de este tipo de transferencia establecida, lo relevante es la dinámica que el sujeto establecerá y al mismo tiempo, la que el analista habrá de identificar y a través de ello indagar en las vivencias que dieron pie a dicha transferencia.

Contratransferencia y amor de transferencia. Durante el tratamiento, el analista puede llegar a quedar envuelto en su “propia transferencia” a partir de lo que el paciente deposita en él y lo que ello puede despertarle afectivamente, basado en su propio historial de vida. Dicho fenómeno se conoce como contratransferencia. Para algunos, esta contratransferencia puede resultar útil ya que puede permitir de primera mano “experimentar” la manera en que estas emociones que causa el paciente en el analista son las mismas que él puede hacer surgir en su entorno. El análisis puede llegar a ocasionar otro tipo de dinámica transferencial: el amor de transferencia. Dicho concepto se refiere al enamoramiento en el que el paciente ha caído frente a su analista. Freud ante este tipo de complejidad resalta dos tipos de solución: una, el renunciamiento del tratamiento, dando paso a una relación legítima o, por consiguiente, la otra alternativa, detener el análisis como tal.

Asociación libre.

Es una técnica utilizada dentro del tratamiento psicoanalítico.Consiste en la libre comunicación del paciente no solo de su motivo de consulta sino de todo aquello que pueda incluso ser considerado como irrelevante o sin sentido para el procedimiento. A través de esta técnica, el analista requiere de una atención presta no solo a la narrativa del analizante sino también de aquellos detalles “entre líneas” que pueden surgir como producto de estas conexiones. Para ello se valdrá de la atención libre flotante en donde su escucha distinguirá entre una “palabra vacía y una palabra plena”.


Esto permite poder discernir entre una resistencia al avance del tratamiento en forma de retórica, frente a un discurso reflexivo y genuino donde el paciente se vea involucrado de manera consciente.



Interpretación de los sueños. Freud postula en 1900 que los sueños son una vía de acceso al inconsciente y a su vez, una manifestación del cumplimiento de deseos reprimidos en formas incluso, un tanto inverosímiles para el sujeto. De ahí que el psicoanálisis permita una ventana de oportunidades para el trabajo de interpretar el contenido onírico ubicado fuera de la censura. El sueño se presenta siendo una alteración de lo que realmente representa, algo así como una fachada incongruente con la realidad lógica de los hechos. Sin embargo, más allá de ello, este contiene un aporte importante en cuanto a materia del inconsciente se refiere. El paciente, es a quien le corresponde darle una interpretación, un sentido o significado a ese sueño, de tal forma que el analista queda relegado de dicha actividad, ya que su “sentido”, podría alterar el que le podría dar el paciente.  Freud dividió el sueño en dos partes: el contenido manifiesto y el latente. En el primero, es la “cara” observable de ese sueño, lo que se recuerda y que inclusive puede ser incongruente para el paciente. El contenido latente, es lo que subyace a ese ángulo visible, es la parte verdadera del sueño por llamarlo así, reflejando los deseos y conflictos inconscientes del individuo. De este último,parte del porque no es recordado o visible a primera instancia es debido a la censura que se aplica y que es causante de la producción de una “alteración” de ese contenido por otras imágenes o simbolismos. Freud determina que existen 4 mecanismos psíquicos que intervienen en el sueño:


Condensación: se reúnen varias ideas o deseos en una sola imagen o símbolo.


Desplazamiento: Se intercambia o reemplaza un elemento del sueño por otro menos angustiante o de carácter neutro.

Proyección: los deseos o afectos a una figura original se redireccionan a otra figura. Elaboración secundaria: se encarga de ordenar los elementos oníricos de manera coherente, lógica y narrativa, rellenando huecos para que el sueño parezca una historia inteligible. Es importante señalar que la interpretación de un sueño obedece a la regla primordial del tratamiento psicoanalítico, lo que implica que el interpretar un sueño sea trabajo del paciente. Con ello, encuentre un sentido o significado y que el analista no imponga el sueño como una herramienta adicional del psicoanálisis o influya en el deseo del paciente de en vez de hablar de cualquier cosa opte por relatar sueños.


En conclusión. El psicoanálisis posibilita que el paciente pueda dar un nuevo sentido a su discurso, que habitualmente se encuentra vinculado a lo que el entorno o la cultura establece como una meta a la cual aspirar, dejando el espacio para que él sea capaz de replantear su posición frente a todo eso.




Por su parte, la práctica psicoanalítica se basa en fundamentos íntimamente involucrados aunque separándose profundamente cada uno en cuanto a su efecto se refiere y lo que le permite al sujeto distinguir. Más allá de lo catártico o terapéutico que pudiese resultar el psicoanálisis, su distinción recae en el abordaje de algo que siempre ha permanecido en el ser humano y que sin embargo representó una revolución su descubrimiento: el inconsciente.

Enero 24 de 2026. Monterrey, Nuevo León, México. Ángel Hernández, Equipo del diván amarillo.

 
 
 

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